lunes, enero 03, 2005

Mente sana en biblioteca sana.

Hola, amigos. Hoy la biblioteca estaba petada de gente. Sí. Llena por los 4 costaos. Ni siquiera habría cabido el menor alfiler de un alfiletero de anciana dentro de ese cubil de estudiantes cargado de nostálgicas esperanzas. Todavía recuerdo cuando empecé a estudiar oposiciones... qué tiempos. Mi calva incipiente. Mi mirada a lo Harrison Ford. Mi torso varonil.
Pues estaba yo pensando. Pensando en mis cosas. Mis apuntes. Hermionne. Mis típicos pensamientos. Cuando se me ha ocurrido una genialidad. Sí, amigos míos. Todas las palabras deberían tener una abreviatura, como los números. Por ejemplo: veintidos es 22. Y así.
Sería un gozo poder escribir una novela tan rápido. Las palabras que entran como chorros del manantial sereno de mi conciencia alopécica quedarían pegadas en las páginas de mis manuscritos como las cagadas de una mosca en la cortina de la biblioteca o las manchas de semen en la falda de una becaria.
De cúbito supino; fui consciente de que en realidad estaba profetizando algo que los tunneros y las jennies ya habían empezado a crear con sus mensajes via sms hace por lo menos unas semanas. Tanto tqm y tkm y xq y xculo. Queramos o no queramos, amigos míos. En estos protoadolescentes descansa el acervo cultural de occidente. Será su aportación a esta vida de estrés que nos aciaga. Desarrolladores del nuevo metaidioma del siglo 21.
Ya lo decía Nino Bravo. Caminante no hay camino.
Creo que no voy a ir a devolverle el dvd al videoclub. Que se jodan. Ya lo llevaré cuando me acuerde.