viernes, enero 07, 2005

De las cenizas del ayer surge la esperanza del mañana

Hoy me siento apesadumbrado. Un día triste, podría decir, incluso. Sí. He estado todo el día en la cama con Cenutrio, mi hámster, sin ganas de nada. Ni siquiera de plasmar en papel esas ideas que corretean por mi cabeza de vez en cuando y que piden a gritos ser entregadas al mundo. Estoy tan apesadumbrado que ni siquiera los agudos comentarios de Losantos o la tertulia de amas de casa del programa de Maria Teresa Campos han hecho mella en mi ánimo. Yo ante la nada, mirando los desconchados del techo. Como el protagonista de ese relato de Poe que ve caer sobre sí un barril de amontillado en toda la cabeza sin poder hacer nada.

Y es que uno llega ilusionado a este tramo final de la bon nadal que dicen los franceses, despues de haber disfrutado de lujoriosas comilonas (esas anchoas, ese queso de elementhal, ese chorizo del pueblo, esa sopa de ajo... ya me entendeis, todos esos caprichos que uno debería permitirse de vez en cuando, por qué no, ¡pijo!), y en compañía de todos mis familiares queridos, ... bueno, de casi todos, algunos no pudieron acudir, como mi santa madre. En realidad no es que no haya podido venir, pero esa es otra dolorosa historia que no viene a cuento pero que algun dia abordaré en este ya vuestro blog, amigos.

En realidad sólo estaba mi tío, y porque la pena ha podido con el asco en la balanza de su ajado corazón.

Bueno, por dónde iba. Ah, si, las comilonas, las uvas, el brindis con champán... llega uno al dia cinco... y esos malditos reyes... no, no debo permitir que mi rencor mancille el buen nombre de una istitución tan respetable y ostentorea como la monarquía, que tanto ha hecho por este país en los últimos 25 años. Como digo, no debo. Pero es que... vengüenza me da decirlo... no me han traido nada los reyes.

Nada. Nada de nada. Ni un matasuegras. Ni carbón. Ni un triste calcetín nuevo para sustituir al que tengo con un tomate como un puño de grande en la punta del dedo gordo. Ni unos yogures con bifitus activo de ese. Nada. Parezco un repugnante proletario.

Es que estas fechas siempre significaron mucho para mí. Recuerdo de pequeño cuando mi señora madre, que aún me quería (aunque menudas collejas me metía, la hija de puta), me despertaba todos los seis de enero a las diez de la mañana con esas palabras mágicas que presagiaban sorpresas y que aún recuerdo con cariño: "levanta, maztuerzo, que me tienes harta". Y yo corría, corría por ese pasillo eterno, con mi cara rubicunda, esquivando al abuelo y su bolsa de flujos o las botellas que ocasionalmente dejaba mi padre doquiera. Y sabía que lo mejor era ese momento de ilusión infantil, de sentido de la maravilla alentado por la esperanza, de espectación eterna. El ruido del plástico de las bolsas del hyper con el que envolvian los regalos. Y finalmente, el descubrimiento. Esa botella en la que soplaba y con la que imitaba a astros de la canción como Camilo Sexto o Baccara, y en la que los reyes habian pegado graciosamente una pegatina de guisqui dick. O la colección de posavasos de tonica Schotiss que mi padre había recolectado de las mesas y el suelo del bar Aurelio que está en frente de mi casa. Aun lo recuerdo recogiendolos amorosamente, agachado, medio borracho y con la raja del culo al aire. O ese disco-puzzle de El Consorcio partido en varios trozos que habia que pegar jocosamente para escucharlo en el gramófono (aunque luego al final no se pudiera oir nada). Oh, o aquella vez que me regalaron un taco de billar, replica exacta de los que usaban en el tugurio donde mi madre trabajaba por las noches de rodillas limpiando el suelo. Aunque no tuvieramos billar en casa. Pero buen uso que le dió mamá, os lo aseguro. Todos ellos, en fin, fragmentos ociosos de mi vida que recuerdo con cariño y un poco de flato.

Pero no debo dejar que las ciénagas de la nostalgia ahoguen mi ánimo ni las brumas del odio nublen mi horizonte. En realidad esto me recuerda aquello que decía no sé quién, de que no pidas lo que no das, que por cierto no sé si es de Niesche o del señor de gafas ese tan serio que sale en el programa de mi admirado Jose Luis Garci.

Así que a partir de hoy hago propósito de enmienda. Intentaré que una chispa de amor encienda mi gastado corazón gris acería y me permita ver el mundo con un tono multicolor de sabores y colores. Que de las nubes caiga lluvia embriagadora de color dorado que alumbre el mundo de esperanza y ternura y que la paz invada el universo. Sé que puedo conseguirlo. Con una pequeña ayuda de mis amigos del blog, que decían los beatels. Viendo vuestras bitácoras, y la inmensa riada de amor y de pensamientos super positivos que de ellos surgen sé que hay un cielo en alguna parte, y que de alguna manera encontraré mi camino igual que vosotros encontrais el vuestro, todos cogidos de la mano. Espero que me ayudeis en mi nueva andadura.

Os quiero a todos.

3 Comments:

Blogger tormentadeletras said...

1)deja de tomar esa pildoritas!!!no ve que ese tema de la lluvia dorada ,es de sus pelis xxx!!!!
2)tambien te queremosss!!!!!
3)la blosfera,te hara mnucho bien....sin duda te mejorara.....
desde el infernal calor del sur del mundo

brissas tibiass

11:36 p. m.  
Blogger José Puertas said...

tormentadeletras:
- Jejeje. Lluvia dorada ¡qué lapsus! Y no te preocupes, no tomo nada que pueda dañar mi cerebro precioso
- ¿Tienes foto?
- La biosfera lamentablemente está condenada si la Humanidad sigue por este camino. El paisaje se destruye. Las especies se extinguen, como por ejemplo, el Cagarro es una hermosa ave de la que quedan pocos ejemplares. Mi tio tiene uno. Pobre animal, tan solo, sin una hembra que lo cuide. Y como tu bien dices en el sur hace mucho calor. Pero por suerte, nosotros no lo veremos. Y este es un tema que me da de sí muchas letras. Muchas.
Un saludo, guapisima

4:44 a. m.  
Blogger José Puertas said...

Ahí va, graciosamente
un enlace que te mostrará a este bello animal
y sin embargo olvidado,
con un nombre tan poco agraciado
el Cagarro
http://sapp.telepac.pt/catarinices/fotos/santa_maria/cagarro3.jpg

4:49 a. m.  

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